Catálogo de conciertos y desconciertos de la memoria.
| Hace un tiempo, en las rutas de senderismo que hacemos, llevaba una navaja y encontrándome un buen trozo de concha de un pino, empecé a tallar en la madera mientras andábamos. Al final de aquel primer camino tenía en mis manos una figura moldeada. Cuando llegué a casa la pulí con lija, la barnicé y le puse tres alfileres de cabeza redonda que hacían de soporte. Ahí nació la idea de crear veinte figuras y regalarlas. Eso ocurrió un 31 de diciembre. Preparé un tríptico con el texto que veis abajo y por sorteo cada uno eligió la suya. El acto fue muy emotivo y ahora cada una de esas figuras, nacidas del bosque, adornan las casas de los que participaron. Os dejo una galería de imágenes con las veinte tallas expuestas. GALERIA |
| Queridos amigos, quedáis invitados a figurar en esta primera y única muestra de arte mínimo y viajero, concebido en colaboración con la Sra. Dña. Concha del Pino y del Sr. D. Pedro Navaja, la participación estelar de sus niñas las Srtas. L’ija Gruesa y L’ija Fina y el buen hacer del Sr. Barniz y de ACRA (Alfileres de Cabeza Redonda Asociados) en el atrezzo. Dirigidos por el Chóser, os animan a participar en este irrepetible evento. Figúrate que te las llevas... Quiero agradecer a Adela, Andrés, Begoña, Nino y Susana, haber compartido sus pasos y sido testigos de este relato. A Neruda por la inspiración. ¡Muchísimas gracias! | |
| DOÑA CONCHA DEL PINO | |
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| FIGÚRATE Por la Vía Verde de Agost-Maigmó me encontré con la Sra. Concha del Pino, me auguró un buen año de níscalos y me regaló 20 notas. Me dijo que la música del bosque se perdía en la noche de los tiempos y que si los hombres crearon obras de arte con siete notas qué no haría el bosque con veinte. Contó una historia antigua de una sinfonía sólo percibida por extraños seres de cabeza en forma de luna (los lunáticos), que diseminarían las notas por todas las tierras habitadas para que los dioses estuvieran ocupados creando canciones. Con el tiempo el bosque aprendió las más hermosas y durante miles de años los árboles legaron sublimes melodías, mientras, los dioses olvidaban y soñaban. Ahora hijo mío, dijo doña Concha besándome en la frente, os toca a vosotros devolver a los dioses lo que nunca debieron haber perdido: sus notas. Doña Concha fue la primera, tras ella vinieron veinte más, en mostrarse ante mí y la que cambió para siempre la idea que tenía de los pinos. Cada trozo de su corteza escondía un tesoro: la divina música que nosotros humanos nunca podríamos oír pero sí palpar, intuir, una música tridimensional escondida en la madera. Ahora sé que los níscalos que crecen de sus raíces, que los piñones con que florecen son comida de dioses. Ahora sé que abrazar un pino es tañer la divinidad... Con tu presencia adquieres el compromiso de difundir y amar los árboles durante el resto de tus días, y la parte del divino pentagrama que viaje contigo (¡ay lunático de ti!) tenerla siempre cerca de tu corazón. Si lo abres, ellas, las veinte notas, encontrarán compañero de camino. | |
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