| A cada paso, dejando huellas que desvaneciera el olvido, transitaba la senda de otro meditado sueño. Ya sin retorno, desechando este barro casi mestizo que moldearon los años de propia cordura, mi deshabitada memoria buscaba su identidad. A cada surco, con la obstinada tenacidad de no renunciar a recuperar lo irrecuperable, la ilusoria transparencia que mi cuerpo arrastraba mostraba todo su dolor, su irrevocable tormento. En ese desaliento, cuando ya la meta ardía en mi interior, supe que había vuelto, o así quise enterderlo. Sólo recuerdo que el camino fue de amor y yo aquel amante. |